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Año Manuel Zapata Olivella
Exposición virtual Manuel Zapata Olivella: Trayectoria vital del ekobio mayor
 

Palenque Delia Zapata Olivella

Acervos

Exposición de la Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella

Curadores: Edelmira Massa Zapata, Andrea Solano Galvis y Felipe Guerra Baquero

¿Híbrido o nuevo hombre? ¿Soy realmente un traidor a mi raza? ¿Un zambo escurridizo? ¿Un mulato entreguista? O sencillamente un mestizo americano que busca defender la identidad de sus sangres oprimidas.

Manuel Zapata Olivella, La rebelión de los genes, 1997.

El 17 de marzo de 1920 nació Manuel Zapata Olivella en Lorica, Córdoba. Cien años después, en el 2020, conmemoramos su natalicio desde la Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella. 

Los preparativos comenzaron en 2018 con la idea de hacer un trabajo en torno a la obra literaria de Manuel, Changó, el gran putas. Durante los primeros meses del 2019, realizamos una investigación de los poemas épicos de Changó, el gran putas con los integrantes de El Palenque de Delia: Conjunto de Tradiciones Populares y desarrollamos una adaptación escénica de danza, canto, música y teatro llamada Nagó, el navegante en honor al personaje Nagó de esa saga en la que Manuel narró el viaje de la semilla africana hacia América, matriz del indio, en cuya tierra se mezclaron las raíces amerindias, africanas y europeas para darle cabida al nacimiento del nuevo muntu americano. Sembrá, sembrá, la semilla.

Más allá de una moda pasajera de conmemorar fechas importantes atendiendo los afanes comerciales carentes de sustento histórico, creamos propuestas dinámicas con el fin de explorar y promover la obra de Manuel, esperando cautivar a las personas con el vigor provocado por la unión entre las artes plásticas y visuales, la oralidad, la música, el canto, la literatura y la danza.
 

El impulso que pretendemos dar con este trabajo está potenciado por nuestra esperanza de que la importancia de la obra de Manuel trascienda las fechas protocolarias de inicio y cierre de los cien años de su natalicio. Así mismo, esperamos resaltar un contenido popular que va más allá de los detalles de fecha, hora y participantes de tal o cual fotografía. La importancia reside en la vivencia popular que fue inmortalizada en la foto.

Para nosotros es de vital importancia resaltar el trabajo que hombro a hombro realizaron los hermanos Delia y Manuel Zapata Olivella junto a tantas personas como lo son: «Madolia de Diego, Leonor González Mina, Julio Rentería, Lorenzo Miranda, Erasmo Arrieta, [Roque Arrieta], Clara Vargas, Teresa Díaz, Toño Fernández, José Lara, Juan Lara y otros cuyos nombres aún resuenan en la memoria de los colombianos como los mejores difusores [...] que haya tenido el país de sus tradiciones africanas, indígenas y españolas de nuestro mestizaje» (Zapata Olivella, 1998, p. 12).

Inspirados por todos ellos y en búsqueda del desarrollo de nuestras propias formas y valores culturales, fomentamos la aplicación de la integralidad en la educación, para preservar y solidificar la diversidad tradicional del pueblo colombiano.

Colombia todavía no ha tomado conciencia de la construcción de una escuela permanente que permita la cualificación de la vivencia tradicional como un proceso didáctico que demanda por su origen el reconocimiento de la creación popular como aquello que recrea lo que significa “el volver a hacer” y “el volver a ser”, el uno como fuente de inspiración y el otro como creador.

La creación desde la tradición es multiforme y siempre estará en permanente construcción, así, abordamos la investigación dinámica de la vivencia, ese “trueque” generoso del conocimiento donde las costumbres regionales vencen sus fronteras de sitio y lugar y se encuentran todas, aprendiendo unas de otras. 

Como bien dice Manuel, la «búsqueda creciente de sabiduría popular ha enriquecido el patrimonio nacional» (Zapata Olivella, 1964, p. 175). Y es por ello que la Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella se organiza con el único objeto de realizar las investigaciones folclóricas y difundir sus resultados de tal manera que constituyan una contribución al desarrollo cultural de la nación colombiana, afirmándose en sus valores propios, tradicionales y costumbres.

La exposición «El Palenque de Delia» está estructurada en seis contenidos titulados: Fotografías, Programas de mano, Vestuario, Portadas de libros, Objetos, y Pinturas y esculturas.

La Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella 

El 19 de marzo de 1976 se cristalizó toda una acción interdisciplinaria alrededor de las tradiciones populares colombianas y nació la Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella dirigida por el espíritu creador e investigador de Delia Zapata Olivella. Ella recorrió desde los años cuarenta regiones olvidadas e ignoradas del territorio colombiano, realizando el ejercicio generoso de recoger y sistematizar las danzas y vivencias populares resultado de una investigación de campo que motivó la necesidad de crear una institución que resguardara, divulgara e inspirara creaciones con identidad propia a las nuevas generaciones.

Resultado de las reflexiones sobre las necesidades de nuestro país, en 1965 Delia inicia la práctica de una metodología para la enseñanza de la danza colombiana y de la formación del individuo como un ser integral a través de una técnica de conocimiento y disociación de las partes del cuerpo, variaciones de movimiento, expresión y ritmo, basadas en vivencias populares de distintas regiones del país. Delia Zapata Olivella, en su labor de docente durante más de cuarenta años, formó un gran número de maestros.

La Fundación Instituto Folclórico Colombiano Delia Zapata Olivella ha dado a conocer montajes escénicos con un carácter interdisciplinario en el que la tradición popular es un hilo conductor. La danza se acompaña de música viva, el teatro, el sentimiento plástico y la apropiación de la vivencia como expresión de la comunicación escénica.

El Palenque de Delia

Palenque es un término usado para denominar a las comunidades, o concentraciones organizadas políticamente, de cimarrones, negros que se fugaban de los puertos de desembarque de navíos, de las haciendas, de las minas, de las casas donde hacían servidumbre doméstica y de las mismas galeras de trabajo forzado. Estas personas y familias negras que huyeron de la esclavización, con el apoyo indudable de los indígenas caribe, lograron fundar los palenques como poblados ubicados en lugares de difícil acceso. Debido a la falta de independencia en el manejo de un territorio, el cual les fue arrebatado, «pretendieron  consolidar territorios para poder tener la libertad de vivir, salvaguardar y transmitir su pensamiento, ideología, creencias, mitos, ritos, danzas, música, valores, expresiones, oficios y su identidad social» (Massa, Solano y Guerra, 2019).

Los palenqueros construyeron proyectos de independencia para vivir de manera autónoma al margen de la sociedad esclavista, con alcaldes que ejercían su autoridad en su interior. Confluyeron personas de distintos pueblos africanos que migraron forzosamente a un nuevo continente donde dialogaron de distintas maneras entre sí y con la sangre amerindia, renaciendo en el nuevo muntu americano. 

La importancia de los palenques radica en la posibilidad de «recuperar la identidad desde la transmisión de la cultura propia para que las nuevas generaciones fueran educadas con referentes propios, con dignidad y autonomía protegiendo su vida y su territorio. La libertad como proyecto de vida, trasversal a su identidad como pueblo, fue el motor para alcanzar la felicidad en la cotidianidad. Así pues, los Palenques fueron re-creando una cultura basada en la recuperación de la memoria perdida, la identidad propia y la conformación de un territorio de bienestar, en el que la armonía y la paz entre las personas fueran las características principales. […] Fue un proceso de mestizaje entre las mismas comunidades africanas, con el apoyo de las comunidades indígenas, lo que posibilitó la consolidación de estos territorios libres» (Massa, Solano y Guerra, 2019).

En vez de vivir en una sociedad que encausa al mercado, vivimos en una sociedad de mercado, en la que los valores del mercado impregnan cada vez más la toma de decisiones en las distintas esferas sociales. Muchas personas son explotadas laboralmente y utilizadas bajo fines comerciales, generando así profundas desigualdades. En este modelo social, heredero del colonialismo, la sociedad mayoritaria ha invisibilizado el papel de las raíces indígenas, negras y de las tradiciones populares en la conformación de su identidad, cuando permea transversalmente la sangre que corre por nuestras venas. 

Más aún, «con el paso del tiempo, la tendencia dominante de divulgación folclórica basados en el espectáculo y el ánimo de lucro ha agudizado la necesidad de consolidar un camino basado en el compartir el significado de cada danza matriz, del trabajo popular, del laboreo y de lo espiritual. [Los] proyectos que derivan en “shows”, no despliegan un proceso de investigación y valoración de la sabiduría popular y, con ello, separan el movimiento del contenido y de la historia. Y es precisamente este desconocimiento y la manera como se publican los resultados en un escenario […], el punto de partida para reemplazar el  patrimonio popular de acuerdo con referentes externos  y, por ello, relegarlos al olvido. La condición de buscar una identidad fuera del territorio implica que aún se está colonizado» (Massa, Solano y Guerra, 2019).

Surgieron cimarrones que intentaron escapar a esta maquinaria, cimarrones artistas, cimarrones creadores que requerían espacios de liberación y de búsqueda de sus raíces triétnicas, tal como sucede en El Palenque de Delia. Se asumió esta noción para ampliarla a diferentes esferas y aplicarla a una realidad social actual que motiva a las personas a mirarse hacia adentro. 

La casa del Palenque de Delia es un palenque de la cultura y de la sociedad, un lugar de emancipación de procesos no legitimados ni incluidos al alto estatus y a los procesos de espectacularización de las tradiciones populares. Por eso se conserva el sentido del palenque y de los palenqueros. La casa perteneció a Delia Zapata Olivella, heredada por su hija Edelmira Massa Zapata, tiene más de 300 años y está ubicada en el barrio La Candelaria del centro histórico de Bogotá. En el seno del Palenque de Delia confluye la migración de tradiciones populares de todo el país, de personas de distintas regiones que han llegado a Bogotá, la ciudad capital de Colombia. 

En el trabajo de Delia y Manuel Zapata Olivella se evidencia una clara comprensión de que las tradiciones no son una «reliquia intocable del pasado, sino una fuerza viva, actuante y vitalizadora que debe continuar alimentándose de las vivencias del pueblo colombiano, expresándose con voz propia, estructurando un futuro, un territorio y unas costumbres a partir de referentes propios y no impuestos nuevamente por alguna fuerza colonizadora» (Massa, Solano y Guerra, 2019).

En este sentido, en el proyecto de la Fundación, materializado en El Palenque de Delia, «partimos de este principio, valorando la importancia de mantener viva la tradición a partir de la transmisión del patrimonio popular. Este no como un bien intocable que debe permanecer inalterado, perfectamente preservado. Tampoco es un conocimiento inalcanzable, porque cualquier persona lo puede aprender, vivir y apropiarse de él para transmitirlo, pues le pertenece al pueblo. Por ello, como un conocimiento que nos pertenece, debe ser generosamente difundido […]” (Massa, Solano y Guerra, 2019).

Es importante aclarar que, si bien se trata de un conocimiento sencillo, que todos podemos aprender porque fue creado por el mismo pueblo, es a su vez complejo pues se ha consolidado a partir de múltiples relaciones sociales a lo largo de la historia. Hay quienes consideran que las culturas amerindias y negras carecían de un conocimiento social complejo (parten de que la raíz de la palabra folclor quiere decir pueblo, folk, y saber, lore. Es decir, el saber del pueblo). Según Manuel, «para unos el folclor solo puede darse en las comunidades que carecen de alfabeto. Parten de la base de que no pudieron escribir lo que sienten o creen» (Zapata Olivella, 1967, p. 228).

En eso reside la importancia de la técnica que desarrolló Delia Zapata Olivella, reforzada por Edelmira Massa Zapata, y sus montajes escénicos, los textos de Manuel Zapata Olivella, el Teatro Anónimo Identificador y el Conjunto de Danzas que crearon los dos hermanos. Estos trabajos nunca han pretendido reemplazar los saberes populares con lenguajes foráneos, sino resaltar su propio valor y solidificarlo, así como fortalecer nuestro ser y nuestra relación con las demás personas y el mundo.

El Palenque de Delia invita a las personas a reconocer su origen triétnico y su potencial creador, a reafirmarse en sus valores y en los propios saberes populares. Las incita a participar activamente de una historia viva, a caminar juntos la tierra buscando construir un presente que se parezca cada vez más al futuro que soñamos.

Edelmira Massa Zapata, Andrea Solano Galvis y Felipe Guerra Baquero
Bogotá, 2021.

Referencias:

  • Massa Zapata, E., Solano Galvis, A, Guerra Baquero, F. y Montaña Cuellar, R. (2019). El Palenque de Delia. En W. Pasuy Arciniegas (Coord.), Patrimonio y Contemporaneidad. Colección hábitat y patrimonio. Universidad de la Salle. https://ciencia.lasalle.edu.co/libros/29/

  • Zapata Olivella, M. (1998). Manual de danzas de la Costa Pacífica de Colombia. Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, Fundación Joaquín Piñeros Corpas y Junta Nacional del Folclor.

  • Zapata Olivella, M. (1967). El folclor y sus relaciones con la artesanía y el arte. En Zapata Olivella, M. (2010). Por los senderos de sus ancestros. Textos escogidos: 1940-2000. Ministerio de Cultura de Colombia.

  • Zapata Olivella, M. (1964). Junta Nacional de Folclor. En Zapata Olivella, M. (2010). Por los senderos de sus ancestros. Textos escogidos: 1940-2000. Ministerio de Cultura de Colombia.